Jordi Farrando arquitecte

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Jardines Príncipe de Gerona

El barrio del Guinardó se encarama por las faldas de los cerros centrales de la ciudad, allí donde las pendientes del llano de Barcelona comienzan a acentuarse, justo antes de que se transformen abiertamente en montaña. Su ensanche es un tejido a medio camino entre la potencia del Ensanche Cerdà -que constituye una de las imágenes más rotundas de Barcelona- y la escala més pequeña de los asentamientos situados en sus márgenes. Separado del núcleo central del Guinardó por el Hospital de Sant Pau, este pequeño ensanche constituye un fragmento de ciudad estrechamente vinculado al sector oriental del barrio de Gracia. Es un lugar con parámetros propios, donde el carácter urbano no es contradictorio con el tempo más dilatado de las actividades y donde las intervenciones deben dar respuesta a unas necesidades que vienen definidas por este entorno tan acotado.

Tal como sucede en buena parte de la ciudad de Barcelona, la creación aquí de nuevos espacios públicos sólo es posible después del derribo de edificios desafectados. En este caso, el jardín se pudo construir después de demoler, prácticamente en su totalidad, un antiguo cuartel militar. Sólo queda un ala. El resto del terreno permitió la apertura de una nueva calle y, además de dar lugar al espacio público, se constituyó como reserva para la construcción de un nuevo equipamiento.

La dualidad equipamiento-espacio público es la que da a esta pieza un carácter nuclear, catalizador de las actividades de un sector del cual pasa a constituirse en elemento central. Las medidas del terreno destinado a espacio público -unas 2 ha- se avienen bien con la escala del territorio al que ha de dar respuesta, y la resolución tipológica que se ha adoptado -un jardín con una gran explanada central y unos espacios más recogidos a su alrededor- ha de permitir responder a los diferentes tipos de actividades que un contexto como éste implica.

El proyecto del jardín se genera a partir del espacio arbolado que constituía el patio central del cuartel. Ésta era una superficie horizontal de forma cuadrada rodeada por unos plátanos que se han mantenido en el momento de efectuar el derribo. Aprovechando esta superfície horizontal y estos platanos, se ha creado una gran explanada de sauló de dimensiones superiores a las del espacio original y en la cual son posibles todo tipo de actividades colectivas, tanto actos públicos como juegos que requieren de espacios amplios. 

Esta gran explanada central se articula mediante la incorporación de diversos elementos. El más importante de ellos es sin duda una lámina de agua que refleja la vegetación del entorno permitiendo que los niños jueguen. Con un profundidad de 50 cm y una superfície de 1.900 m2, este espejo ofrece un juego cambiante de luz y reflejos que constituye un foco de atracción tanto desde el interior del jardín como en su percepción desde el barrio que le rodea. En su entorno, grupos de pinos cualifican diferentemente las diversas partes de la explanada y, sin impedir el uso para actividades colectivas, permiten establecer zona de luz y de sombra y diferenciar áreas de estar y de juego. Una serie de bancos y diversas columnas de iluminación equipan la explanada.

El desnivel que se produce entre este espacio central horizontal y las calles en pendiente del entorno se salva gracias a una serie de terrazas y macizos arbustivos que recuerdan la tradición agrícola de los bancales. Pero los elementos construidos tiene aquí un carácter estrictamente funcional, sin ningun valor expresivo, destinados a esconderse detrás de la vegetación y a dejar a ésta el protagonismo. La imagen del jardín la dan los elementos naturales; los elementos construidos sólo sirven para que aquellos adquieran su máxima expresividad. 

Cada grupo de terrazas esta plantado con una especie vegetal propia, de manera que el conjunto sea percibido como una serie de grandes volúmenes con características de floración y color específicas que lo puntúan a lo largo del año. Este tratamiento de la vegetación y el hecho de que la superficie destinada a ella sea superior a los 7.000 m2 convierten el jardín en un espacio vivo y variable, tanto para los propios usuarios como para los vecinos del entorno, que pueden disfrutar del paisaje cambiante desde sus ventanas. El tiempo está presente y altera la percepción del espacio a medida que transcurre.

Geometría

Entre estas masas arbustivas se encuentra una serie de plataformas de madera con bancos y arboles que constituyen pequeñas islas de paz en las cuales olvidarse del entorno. A ellas se llega a través de caminos rectilíneos, también de madera, que salvan las diferencias de nivel a través de vegetación. Una iluminación indirecta, diferenciada de la de la explanada central, permite que también de noche el carácter de estos espacios escondidos entre la vegetación sea más íntimo que el de la zona central.

Pero el jardín, además de articular de manera adecuada espacios diversos que permiten responder a las necesidades a las cuales ha de hacer frente, ha de disponer también de una correcta vinculación con el entorno si quiere constituirse en punto de encuentro para el barrio. Por eso, las calles Marina y Lepanto se conectan con la gran explanada central a través de cuatro rampas que se sitúan enfrente de las calles Carolina y Rosalía de Castro. Gracias a ellas es posible dar continuidad a la trama de calles de la zona y potenciar que el flujo de peatones entre los diversos sectores del barrio cruce el espacio público. El hecho de que, además, las rampas se encuentren delante del que será el nuevo equipamiento a construir al otro lado de la calle Lepanto refuerza su carácter nodal dentro de la trama urbana.

Estas rampas son los únicos elementos que, deliberadamente, manifiestan su condición de elementos construidos. Con el muro de hormigón y el pavimento de granito, adquieren una claridad que los destaca a lado y lado de la plataforma central y subrayan de manera expresiva hasta que punto la creación de un espacio urbano es no sólo un problema de dar forma al terreno disponible, sino también de contruir ciudad a través de él.

  • Jardines Príncipe de Gerona: Jardines de estilo mediterráneo de Jordi Farrando arquitecte

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