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Carlos Ferrater y su obra Casa para un fotógrafo 2: luz, huerta, playa y Mediterráneo

Marisa Alcore Marisa Alcore
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Luz, huerta, playa y Mediterráneo. ¿Quién no se siente atraído? La obra de Carlos Ferrater Casa para un fotógrafo 2  en Cases d'Alcanar sabe mucho de esto: de seducción. Caminamos desde la playa por una antigua parcela agrícola situada en el Delta del Ebro  mientras vamos sorteando el palmeral que nos conduce hasta la vivienda. Y de repente, sin previo aviso, se aparece ante nosotros esta perfecta construcción blanca. Sus tres rotundos volúmenes enfrentados brillan bajo el sol dialogando en un patio central que se convierte en el corazón de la vivienda. Éste se descubre de manera indiscreta mediante miradas cruzadas al rodear el edificio apoyado sobre una plataforma ligeramente elevada de hormigón. Un paisaje ídilico de huerta, playa y sol.

Con vistas al Mediterráneo

Palmeras y detrás, Mediterráneo. Éste es el camino que nos conduce de la vivienda a la playa. El edificio se ubica en el extremo de una antigua parcela de huerta liberando delante de él un agradable paseo. La permeabilidad visual de este primer volumen permite las vistas desde el patio a la playa focalizadas gracias a la geometría del volumen. La rotundidad de las líneas se desfigura con la entrada de luz por un lucernario situado en cubierta.

Una primera aproximación

Una vez situados junto al edificio se nos dibujan tres volúmenes diferentes que nos generan diferentes planos visuales. La rotuntidad de éstos quiebra el cielo escalonadamente. El edificio se eleva del plano del suelo mediante una plataforma que contrarresta la pesadez de la obra. Empieza a asomarse el patio.

Cuando cae la noche

Conforme va oscureciendo, la luz que se escapa por los huecos del edificio ilumina de manera difusa el ambiente y se empieza a construir el patio central. La plataforma queda iluminada inferiormente provocando una sensación de ingravidez que hace que el edificio flote. La luz nos advierte una primera intuición del patio central.

Miradas indiscretas

A través de los espacios entre los volúmenes y de los huecos en éstos se puede observar de manera fugada el patio central articulador del edificio. La celosía en la fachada del segundo volumen proyecta una sombra singular. El edificio permite la entrada de luz pero a su vez se protege de ésta.

Desde el corazón

Y por fin llegamos al corazón. Las diferentes estancias vuelcan a un patio que conforma un vacío lleno de vida. Este patio articula los diferentes volúmenes recogiendo el espacio pero permitiendo a su vez el contacto visual con el entorno. Se trata de un espacio exterior habitable, resguardado, acogedor. El uso de una tarima de madera potencia estas cualidades. Es un espacio lleno de tensión que entra en calma con la tranquilidad del blanco.

Como si de un cuadro se tratase

La descomposición geométrica del edificio y su forma nos trae reminiscencias de las composiciones cubistas de Picasso. Los volúmenes compactos y rotundos generan una composición atrevida y atractiva. Y no podemos olvidar mencionar el blanco puro que pinta los cerramientos que reflejan la luz y nos evoca un paisaje muy propio de esta zona: el Mediterráneo.

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