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La casa que te enseñará a disfrutar de los 7 pecados capitales

María Bausán María Bausán
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En los noventa la película Seven nos hizo recordar a todos cuáles eran los siete pecados capitales y las terribles consecuencias que, en el caso de obsesionar a un terrible asesino en serie, podían tener para todos. Utilizados en la publicidad, en el cine y en la literatura, esos siete vicios imperdonables han llegado también a la redacción de homify. Y es que en la arquitectura esos vicios también existen. Por eso, vamos a proponer un juego y a pasear por los diferentes espacios de una casa adivinando qué rincones son los más propensos para desarrollarlos. Veamos cuáles y dónde se esconden en casa los siete pecados capitales.

El pecado hecho vivienda

Lo opuesto a ese Carpe Diem que heredamos de los romanos se llama pecado y durante generaciones ha caído como una losa sobre nuestras cabezas. Quizá por estar tan prohibido, y porque ya se sabe que las prohibiciones muchas veces tienen el efecto opuesto al deseado, los pecados tienen mucho atractivo. 

¿Acaso no invita esta casa a la soberbia, a la avaricia, a la lujuria, a la envidia, a la gula, a la ira o a la pereza?

Una piscina soberbia

La soberbia nos hace sentirnos superiores al resto y estar por encima de los demás, de las normas y de las leyes. Pero, ¿cómo no sentirse así desde esta espectacular terraza? Dominando la ciudad dentro de este confortable jacuzzi es imposible no sentir una pizca de orgullo y de soberbia. 

Lo tenemos claro, este pecado capital no se esconde dentro, sino fuera de casa…

De entrada, avaricia

Hablar de avaricia es hacerlo de codicia, de esa necesidad de los seres humanos de tener siempre más, aunque eso no nos haga más felices. La entrada de casa, sobre todo si es tan espectacular como esta, es el lugar que marca la línea entre lo ajeno y lo propio. El descansillo desde el que despachamos a los vendedores que pulsan el timbre de casa. El sitio desde el que decir: no entras más, lo que hay pasada la entrada me pertenece solo a mí.

Lujuria entre sábanas

La lujuria tiene mucho que ver con el placer, especialmente el sexual, y aunque cada uno tiene sus fantasías hay que reconocer que no hay lugar en la vivienda mejor para darse a los placeres de la carne que el dormitorio. Si no queremos sentirnos culpables del pecado siempre podemos darle un toque romántico a esta lujuria en una cama con dosel como esta.

El pasillo que siempre tiene envidia

Hoy en día el open concept está haciendo desaparecer el pasillo de la mayoría de las viviendas, por eso, si hay que elegir un espacio en la casa para describir la envidia ese no puede ser otro que el pasillo. Habitación de tránsito en la que apenas reparamos, es difícil que este rincón de casa no se corroa de envidia al ver el diseño del resto de la casa.

Donde se cocina la gula

Si hay un pecado capital que domine estos tiempos, ese es sin duda la gula. La obesidad es hoy una enfermedad occidental, de países ricos que se hartan de comida hasta reventar. Y si hablamos de comer tenemos necesariamente que pasar por la cocina, porque es aquí donde se gestan los grandes manjares. 

Ira frente al espejo

Más allá del enfado está la ira. A veces la ejercemos implacablemente sobre los demás, pero a veces esa ira cae también sobre nosotros mismos. Hay que ser más indulgente con uno mismo y cuando nos asomamos al espejo, mejor dedicarnos a ver lo bueno que a sacarnos defectos.

Pereza en el sofá

Y terminamos con la pereza cuya representación perfecta es el sofá frente a la tele. Es la manta de cuadros junto al té y dejar pasar las horas sin dedicarse a nada, solo a la pereza. Es un pecado capital, pero de vez en cuando sienta tan bien, que no podemos por menos que recomendarlo.

Y si quieres seguir desarrollando algún que otro pecado capital, te recomendamos el artículo Una casa, ¡para morirse de envidia!

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