homify 360°: Rehabilitando un edificio histórico en Lisboa

Marisa Alcore Marisa Alcore
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Hoy viajamos sin coger avión a la capital de nuestro país vecino, Lisboa. 

En la segunda mitad del siglo XVIII, tras dos incidentes metereológicos en la capital portuguesa, D. José I y su primer ministro, el marqués de Pombal, organizaron la reconstrucción del centro de la ciudad. El nuevo estilo construido en la ciudad, Pombalino, se llevó el nombre de su principal mentor y precursor. 

A partir de este momento, la ciudad cambio su morfología e imagen medieval por trazados ortogonales y ordenados; los nuevos edificios contaban con cuatro plantas de altura, albergando espacios comerciales en la planta baja. Todos se construían con una imagen similar y solo la decoración, dependiendo del lugar donde se encontraran, añadían el toque distintivo. 

En este contexto arquitectónico, pero varios siglos más tarde José Adrião ha rehabilitado uno de estos históricos edificios de estilo pombalino. Con un puesto en la lista de los arquitectos más exitosos del panorama contemporáneo portugués, estudió arquitectura en la Universidad de Oporto y la de Barcelona, donde participó en el programa Metrópolis junto al arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales Rubio. 

A continuación, cinco imágenes del proyecto dan fe gráficamente de su talento. 

El lugar

Situado en una de las esquinas del cruce entre las calles dos Fanqueiros con da Conceição, en pleno centro de Lisboa, el proyecto de rehabilitación ha adaptado a la vida contemporánea los espacios interiores de este edificio, ahora convertidos en apartamentos de alquiler para cortas temporadas. Una idea interesante teniendo en cuenta el incremento de turistas que experimenta ahora la ciudad atraídas por el clima, la buena comida, la proximidad al océano y un ambiente cultural e histórico de lo más dinámico. 

La escalera

Un lujoso zaguán revestido de mármol nos da la bienvenida al edificio y nos invita a recorrer verticalmente su escalera con pavimento de madera. Piso a piso accedemos a cada una de las diferentes viviendas, pero en el último nos espera una sorpresa y la razón por la que existe tanta luz en al caja: un lucernarcio levantado y de esqueleto blanco permite que la luz natural bañe este espacio interior y mejore la calidad espacial del núcleo. También supone un elemento de atracción para los habitantes de la vivienda, que a través del ojo pueden divisar el azul del cielo. El espacio se pinta de blanco para que la luz rebote, se refleje y juegue en todas las superficies, pareciendo una imagen antigua congelada.

El espacio

Ya en una vivienda podemos contemplar cómo se ha conseguido dar forma a la delicadeza gracias a esta interveción. Los materiales, los colores, el mobiliario: cada elemento se encuentra en su justa medida creando un estado de equilibrio, que ni siquiera nuestra presencia podría corromper. Parece como si el arquitecto hubiera sacado brillo a un delicado objeto cerámico y hubiera puesto una vitrina de cristal para poder ser admirado por todos plácidamente. Y así, calmadamente, se suceden uno a uno los espacios interiores de cada una de las viviendas, donde se han eliminado las particiones más molestas y las puertas que no hacen falta, buscando espacios fluídos y sencillos. La luz se considera elemento compositivo del espacio y pilar fundamental del proyecto, perdiéndose por el interior en las máximas cantidades posibles. Aquí también el color es el blanco: color glacial que representa pureza y fragilidad.

La cocina

Si el color protagonista es el blanco, en los muros, en el mármol vetado, en el techo, el material protagonista es indudablemente la madera. Cálida y apagada, reviste el suelo y construye el mobiliario con su particular aspecto. Un material que no podría faltar en un proyecto de esta naturaleza por su aspecto dinámico que envejece con el tiempo. Y es precisamente del tiempo de lo que trata de este proyecto, de ganarle años al tiempo. Ese equilibrio del que os hablábamos también está fomentado por la simpleza de la intervención: sencillos gestos, líneas puras y geometrías simples que resuelven los espacios y dejan que brille lo que realmente importa. En esta imagen, la cocina nos parece extremadamente hermosa: no necesita reflejos, ni materiales innovadores, ni colores estridentes para lucir un estilo actual y contemporáneo.

La despedida

Como despedida a este proyecto nos hemos reservado esta imagen. No podemos decir que sea la más interesante, pero quizá una de las que mejor muestran esa línea que separa lo antiguo de lo nuevo. La cubierta, una auténtico espectáculo arquitectónicamente hablando, nos cuenta historias pasadas en épocas actuales. Se ha pintado de blanco, congelando su imagen para la posteridad. Aparte de destacar por su belleza, también destaca por el uso nuevo con el que se emplea. En primera instancia, protege el plano superior de este edificio, pero si nos fijamos, gracias a sus diferentes pendientes se crean diferentes ambientes bajo este mismo techo. No se necesitan tabiques ni puertas, solo diferentes muebles que con su presencia establecen un uso. 

No hemos hecho hincapié en el mobiliario, pero quizá deberíamos apuntar su estilo moderno, que hoy en día supone ya un clásico. 

Esperamos que este proyecto os haya entusiasmado tanto como a nosotros y os recomendamos que le echéis un vistazo al proyecto Orfila.  

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