homify 360°: Villa 921, una casa en la huerta

Marisa Alcore Marisa Alcore
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De acceso único por ferry, la isla Iriomote-Jima es la más grande de su  archipiélago: las islas Yaeyama. Treinta y un islas, solo  10 habitadas, gobernadas todas bajo la prefectura de Okinawa, la más austral de Japón. 289, 27 kilómetros cuadrados de los que más del 90% están cubiertos por un bosque subtropical que crean un paisaje verde más allá de donde la vista alcanza. Aquí, el estudio de arquitectura Harunatsu-arch, con sede en Kanazawa-city, ha construido el proyecto que hoy nos ocupa, la Villa 921: aproximadamente 74 metros cuadrados de vivienda unifamiliar. 

Las referencias arquitectónicas del lugar son casi nulas: algunas construcciones aisladas que no crean paisaje urbano. Sin embargo, al fondo a la derecha un bloque de vivienda social se asoma exageradamente sobre la maleza. La villa 921 no quiere imponerse sobre la huerta, de ahí que se construya pequeña y escondida. Solo busca parasitarse de las vistas. 

Ahora, un recorrido interior y exterior nos aproximará a esta delicada pieza de arquitectura japonesa a la que hoy dedicamos este homify 360°

El concepto

Cuatro aristas definen las dos vertientes de la cubierta de hormigón de esta vivienda inspirada en un kasa: el sombrero tradicional japonés con forma de hongo y tejido de paja que envuelve de misterio a las personas que los llevan. Este caso no busca el misterio, sino crear una forma simple que descanse sobre una vivienda de concepción ligera. Y es aquí, en la ligereza, donde se encuentran esta casa con el sombrero. Ligeramente elevada sobre el terreno, la construcción parece burlar las leyes de Newton y flotar ingrávida. Solo es una ilusión óptica intencionada, ya que la vivienda se apoya sobre un vaso estanco que aísla al interior de la humedad del terreno desnivelado. 

La cubierta

Este proyecto de arquitectura parte de la voluntad de un vecino: construirse una vivienda en esta isla. Tras 14 años, el lugar escogido es este: una colina ligeramente elevada desde la que se abren unas vistas privilegiadas a los campos de cultivo. Desde la cima, la casa parece camuflarse entre altas especies y la cubierta parece una de tantas parcelas cultivadas, pero ligeramente de color más grisáceo. En un primer momento, se estudió la idea de construir un jardín en ella, pero fue descartada. Ningún jardín construido podría competir con el paisaje circundante de acceso inmediato. ¿Por qué entonces hacerlo?

La construcción

También el paisaje se convierte en el leitmotiv de las dos largas y opuestas fachadas construidas de vidrio: dos pantallas que enmarcan su dinamismo. La sensación en el interior poco tiene que ver con la que sentimos en una vivienda convencional: se habita directamente la naturaleza, pero protegidos de ella. Todos los elementos fomentan esta atmósfera: los materiales, las técnicas y las formas, que giran siempre en torno a la sencillez. 

Y en términos de protección, los aleros de la cubierta se construyen con una intención clara: aislarse de las inclemencias metereológicas. Por una parte el sol, cinco veces más fuerte que en la isla principal; y por otra parte las torrenciales lluvias. De ambos, superior e inferior, sobresalen varillas de acero empotradas en el hormigón durante su construcción y empleadas para atar la red especial contraviento empleada en época de tifones, varias veces al año. 

El interior

Norte y sur de la vivienda se cierran con muros de carga ciegos; este y oeste se abren con sendas terrazas alargadas revestidas de madera. Las fachadas de vidrio, de las que os hablábamos antes, se construyen con paneles correderos, que se recogen en un extremo. Los límites de la vivienda se retiran y es entonces cuando el interior se funde con el exterior de manera tangible. El pudor no tiene cabida en una comunidad de relaciones personales profundas. 

Programa

Los  74 metros cuadrados se multiplican en un interior de disposición espaciosa, donde jamás se siente la estrechez. Las particiones no son únicamente muros divisorios, sino que se construyen con otra función adicional. Y es este el fín de esta vivienda: crear espacios que priman su función sobre la estética. Y es precisamente con este gesto con el que se construye la belleza: en la austeridad, la sinceridad, la funcionalidad, la sencillez y la delicadeza. 

El programa incluye lo básico, satisfaciendo las necesidades pero no los deseos: salón y comedor, un dormitorio principal, cocina y baño con funciones separadas, y un gran donde almacenar las herramientas agrícolas. El dormitorio, a su vez, se divide en dos mediante un tabique corredero y crea un dormitorio infantil independiente, solo cuando es necesario. 

Despedida

Por la noche, un brillo mate representa la ausencia de lujos de esta rica vivienda, construida para una persona con una única filosofía: volver a los fundamentos básicos de la vida. Despertar, trabajar, comer, beber y dormir: una de las vidas sencillas que tienen lugar en esta isla. 

Desde Japón y con esta imagen nos despedimos. Podemos volvernos a ver en Berlín en una vivienda de concepción hermética

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