Pequeña e increíble: ¡una casa de 116 m² con un interior espectacular!

Silvia Pino Silvia Pino
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Si algo hay que agradecer a la lluvia en Alemania, es el poder que tiene de mantener grandes y frondosos bosques. Aunque a poca gente le guste sentir bajo su cabeza el constante cielo gris, hay que reconocer, que merece la pena. Gracias al clima alemán existen lugares como este. Un rinconcito de la ciudad de Mechernich en el que, rodeada de árboles y vegetación, se ha insertado esta casa tubo, o como la han llamado los propios arquitectos livingtube. ¿Y por qué este nombre? Pues muy sencillo. Porque es una casa con una marcada forma longitudinal cuyo extremo se abre como un mirador hacia la naturaleza. 

Una preciosa casa en el bosque.

¿Queréis conocerla? Entonces, acompañadnos en este proyecto de Danke-Architekten porque merece la pena.

La fachada a la calle

La casa consiste principalmente en este cuerpo alargado recubierto de una piel de microcemento en forma de escamas. Una forma tradicional de construir fachadas en este lugar, ya que ayuda a proteger la casa de la nieve y la lluvia, permitiendo su rápida evacuación.

Esta imagen es discreta y cerrada, evitando grandes huecos transparentes. Sin embargo, ya se deja entrever el estilo de la construcción, así como los tonos y texturas usados en ella. El microcemento de la fachada combina a la perfección con esa madera rojiza que define la puerta del garaje.

Ventana mirador

Este es el famoso tubo. El tubo termina en un gran paño de cristal de 4 x 5,5 m que vuela casi 3 metros sobre el terreno y que permite convertir esta fachada en un auténtico mirador hacia la naturaleza. 

Un toque de color

En el lateral la casa cuenta con una terraza conectada con el salón mediante una gran puerta corredera. Aquí la tarima de madera sobre la losa de hormigón se eleva sobre el terreno, evitando humedades y protegiendo asimismo de la nieve en invierno. 

Y contrastando con la paleta de colores neutros usados en toda la casa, el toldo en forma triangular utiliza un rojo vivo, llenando de alegría tanto la casa como el bosque.

Desde el interior

Si antes hemos visto la ventana mirador desde fuera, ahora toca hacerlo desde dentro. ¿Qué os parece? El salón es el afortunado y desde aquí tenemos las mejores vistas hacia el bosque. Parece que esa ventana enmarca el paisaje, convirtiéndolo en un lienzo real. El resto de paredes están revestidas de madera, aumentando la calidez del espacio y ayudando a mantener la temperatura adecuada en el interior.

Los muebles son sencillos y de colores neutros, ya que no quieren llamar la atención, cediendo todo el protagonismo al verde del paisaje.

Espacios comunes

En la zona posterior al salón encontramos el resto de estancias comunes: la cocina y el comedor, separados del salón por medio de la chimenea central. Un objeto que sirve para delimitar espacios sin causar una auténtica barrera. La cocina se reviste, al igual que las demás superficies, de madera, pero de una madera más rojiza que la del pavimento o paredes. El comedor, por el contrario, usa principalmente el blanco.

A ambos lados de este cuerpo tenemos aberturas. Una, amplia y generosa, mira al jardín. La otra, mucho más tímida, conecta con los dormitorios y estancias privadas de la casa.

Iluminación interior y exterior

Por la noche la casa se transforma y nos ofrece imágenes como esta. La iluminación interior, cálida y bien distribuida, nos deja intuir espacios acogedores y llenos de interés. Pero el exterior no se queda corto. Gracias a pequeñas luminarias distribuidas por el perímetro de la casa, el bosque se convierte en un lugar mágico que entran ganas de descubrir.

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