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homify 360°: una casa en la Costa da Morte.

Marisa Alcore Marisa Alcore
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La Costa da Morte, en español costa de la Muerte, se extiende desde Carballo hasta el cabo Finisterre en la provincia de la Coruña. Su nombre viene dado por una antigua leyenda que narra las catástrofes marinas que ocurrieron en esta área debido a los frecuentes temporales y escarpada geografía. 

Corcubión, una de las villas asentadas en este territorio, se encuentra en una pequeña península que penetra en el Atlántico. La belleza de su arquitectura y paisaje provocó hace casi veinte años que este pueblo de las Rías Baixas fuera declarado Conjunto Histórico-Artístico.

En este preciso contexto el estudio de arquitectura CreuseCarrasco ha llevado a cabo un proyecto de complicado planteamiento: volver a construir una vivienda en una parcela en el centro histórico de la villa. Sin embargo, no solo la presión del entorno dificultaba su concepción, también las dimensiones: la casa tenía que desarrollarse en una parcela estrecha y alargada de tres metros de ancho por dieciséis de profundo, construyendo uno de sus largos muros como medianera ciega. 

Con estas premisas, el proyecto intenta resolver una vivienda contemporánea que se integre en un entorno consolidado, pero con un ojo puesto en la historia y la cultura del lugar. 

A continuación, a través de seis imágenes pasaremos a conocer los secretos de su arquitectura recorriendo paso a paso sus diferentes aspectos. 

El exterior

Con fachada a tres calles diferentes se levanta esta vivienda en un lugar donde se puede leer el paso del tiempo en las edificaciones vecinas: fachadas ennegrecidas combinadas con cerramientos recientemente rehabilitados. Tres calles adoquinadas donde se puede apreciar, a través de las fotografías, que una atmósfera tranquila reina. Casa Chao necesita no alterar este equilibrio, sino activarlo creando un espacio vivo en un lugar previamente en ruina y sin resolver. 

De frente, la vivienda sigue la geometría de los edificios adyacentes: tres alturas a frente de calle y una altura más bajo la cubierta a dos aguas. De frente tan sólo un cambio de pendiente nos advierte de que en el perfil ocurre algo. 

Con un peculiar gesto, la vivienda prentede crear una indetidad propia sin salirse de su contexto histórico y cultural. La fachada principal sufre un quiebro en su parte central, creando un volumen diferente al de una fachada plana. Gracias a este ambombamiento en pico además, se ubica centralmente el acceso, creándose un espacio entremedias entre la vía y el interior; un espacio de transición entre dentro y fuera, entre lo público y lo privado, entre el exterior y el interior, entre los espacios abiertos y las estancias comedidas. 

Sobre una plataforma pavimentada en madera y bajo un espacio cubierto, una puerta nos permite cruzar el umbral al interior de esta vivienda, donde en planta baja se encuentra la cochera. 

Sin pretensión de ser infiel a la tradición, pero con voluntad firme de ser ejemplo de una construcción moderna y renovada, se emplea tabla de iroco con acabado lasur blanco como revestimiento de fachada, haciendo honor a la tradición marinera de su emplazamiento. En planta baja, además, en continuidad con el entorno se emplean superficies pétreas. 

El programa

El programa se divide en las cuatro alturas construidas. La planta baja se dedica exclusivamente a espacios servidores: dos cocheras independientes de acceso por sendas fachadas transversales y un pequeño vestíbulo vinculado con la comunicación vertical. En planta primera tiene lugar la zona de día: en el lado este de la casa se ubica la cocina y el comedor y en el lado oeste el salón, comunicados por un espacio de transición al que vuelca una triple altura. En planta segunda comienza el programa de noche: un dormitorio doble al este, dotado de un espacio de almacenamiento, y una pequeña zona de trabajo que disfruta de orientación oeste, junto a un baño completo. En el espacio abuhardillado bajo cubierta, otro gran dormitorio ocupa casi la totalidad de la planta, junto a un aseo y otro espacio de almacenamiento. 

Con la finalidad de iluminar la escalera adosada a la medianera ciega, se abren dos lucernarios en la cubierta, acabada metálicamente por un revestimiento de zinc. 

La escalera

Cuando se trabaja en una parcela estrecha, la ubicación y el tipo de escalera que se construye es una de las decisiones más relevantes del proyecto. Para conseguir los máximos metros cuadrados útiles posibles, en torno a 170 metros repartidos en las diferentes alturas, los arquitectos optaron por una escalera lineal adosada a la medianera ciega y situada en el centro de la planta. Con esta estrategia, se consigue que los diferentes espacios no estén subyugados por la comunicación vertical, sino todo lo contrario, los espacios pueden desenvolverse por sí solos. Por tanto, entre dos muros, uno de ellos la medianera, se construye una escalera de un solo tramo de peldaños volados. De esta manera, se evita la posible sensación de agobio y estrechez y se permite a la luz, proveniente del lucernario en cubierta, fluir verticalmente por las diferentes alturas. Bajo la intención de dotar al interior de una materialidad lo más homogénea posible, los peldaños se construyen del mismo material que las carpinterías: de cedro natural. 

Los espacios interiores

En contra de la tendencia de crear espacios monótonamente longitudinales cuando las parcelas son estrechas y largas, gracias al quiebro en planta se consigue introducir dinamismo en una planta de larga longitud. Así pues, se crean espacios fluidos que se estrechan o se ensanchan, creando un agradable juego en tres alturas directamente conectado al exterior a través de la fachada. Se trata de un mirador en cascada que sirve de transición entre ambas alas situadas a ambos lados del núcleo central de comunicaciones. Se huye de espacios compartimentados y se apuesta por espacios fluidos y conectados visualmente entre ellos. Son los propios elementos servidores los que establecen los usos o crean esas particiones necesarias en busca de establecer los usos de cada espacio. 

Por otra parte, para crear un ritmo transversal, se dejan vistos los nervios del forjado de hormigón in situ, ayudando a romper esa visión alargada del espacio. 

La materialidad

La construcción moderna del edificio quiere hacer homenaje a la tradición y a su vez al avance de la tecnología. Se opta por una construcción sincera, dejando que los materiales y las técnicas se queden vistas y luzcan por su sencillez y naturalidad. De esta manera, los pavimentos se construyen de microcemento, material empleado en la actualidad por su facilidad de colocación, mantenimiento y durabilidad. Las carpinterías exteriores e interiores se construyen de madera de cedro con acabado natural. El forjado de hormigón también queda visto, por lo que se renuncia al empleo de falso techo y los escasos muros interiores se enlucen de color blanco, ganando en luminosidad y sensación espacial. 

Donde antes tenía lugar una vivienda y una cafetería se ha desarrollado con éxito una vivienda que, a pesar de los inconvenientes, no solo cumple todas las necesidades exigibles, sino que cuida la calidad espacial y la construcción. Se convierte en un icono en el barrio, un ejemplo que recoge la tradición de la arquitectura popular sin renunciar a una expresión propia. 

Si te interesan las rehabilitaciones, en este otro libro de ideas viajamos a Portugal para explicar un proyecto de nombre Chalé das Três Esquinas.

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