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Puertas rústicas: De entrada mucha tradición

José Manuel Peñalver Romero José Manuel Peñalver Romero
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Cada vez más se impone lo rústico, no sólo en el ambiente rural sino también en entornos urbanos donde la reminiscencia por lo tradicional se vuelve una cuestión de estilo. Así, nos encontramos elementos rústicos en todo tipo de construcciones aunque los ejemplos más vivos y con la más pura esencia rural los encontremos en viviendas situadas en el campo o en poblaciones alejadas de las grandes ciudades. La madera además de ser un elemento de construcción es un ingrediente decorativo que permite jugar con diferentes tratamientos y acabados e incluso introducir pequeñas restauraciones o reformas en piezas antiguas dándoles un aspecto más moderno sin perder el linaje de sus orígenes. Desde los grandes portones, a las puertas de entrada o de patio interior, todas las que veas a continuación respiran ese aire rústico tan característico y evocador a la vez. Pasen y vean.

La ventaja de pintar

Una puerta de madera nos permite pintarla de cualquier color. En realidad cualquier otro material es susceptible de ser pintado, pero la madera resulta más atractiva porque entona mejor, sea cual sea el color elegido, con el estilo rústico y natural de las viviendas del campo. Un llamativo color rojo decora la puerta de entrada de esta casa en época navideña como delata el ornamento colgado en ella.

Una ventana a la tradición

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Las casas antiguas ofrecen muchas posibilidades a la hora de emprender una reforma. Se puede optar por mantener la fachada y renovar todo su interior con nuevos diseños más modernos y actuales, o mantener parte de los elementos antiguas, restaurarlos y convertirlos en santo y seña de un nuevo estilo que conserve la tradición y al que se incorporen aires nuevos. Es el caso de esta puerta de entrada de madera, de frente tallado a la antigua usanza y con un ventanuco en el centro cerrado por una forja metálica que sirve de celosía y reja a la vez. Todo un detalle.

Las tareas de restauración

A veces, el gusto por las puertas de madera antiguas no se queda sólo en un ámbito rural. Hay quien, en viviendas modernas, decide incorporar estos elementos a la casa bien por estética, afinidad o porque son un ingrediente evocador de otras épocas de tradición más familiar. No siempre se encuentra la puerta adecuada y hay que recurrir a tiendas de muebles viejos, a las viviendas del pueblo y en algunos casos realizar además una pequeña restauración. El efecto siempre será el mismo: un aire rústico y tradicional en nuestra casa.

Una puerta azul como el cielo

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En esta rústica cocina de una aldea gallega, antes de entrar nos topamos con una atractiva puerta de doble hoja pintada en llamativos colores. Un curioso detalle que contrasta con el estilo rural del resto de ingredientes de la cocina y que sugiere posibilidades más atrevidas a la hora de tratar la madera en las puertas de entrada. El azul cielo sobresale de cualquier otra tonalidad en este luminoso espacio lleno de tradición.

Rústica y corredera

En las casas antiguas era impensable otro sistema de apertura que no fuera a través de las típicas y enormes bisagras de hierro. Si nuestros antepasados vieran los nuevos diseños y sus posibilidades quedarían profundamente impactados; de lo funcional que resulta, por ejemplo, colocar un enorme portón de madera sobre unos rieles y convertir la apertura en un sencillo deslizamiento lateral que aprovecha mucho más el espacio. Rústico y moderno a la vez.

Puerta y antepuerta

Aunque no es un recurso muy frecuente, el uso de antepuertas siempre resulta efectivo y efectista a la vez. Es un primer cierre que protege a la puerta principal cuando está cerrado, y al abrirse genera una sensación de recibimiento mucho más personalizada. En esta imagen, en ambos elementos, puerta y antepuerta, la madera sobresale como material principal. Una gran hornacina ovalada en la puerta principal hace de ventana y hueco de luces desde el exterior. Un farol y una pequeña pérgola metálica completan este atractivo conjunto.

Saliendo al patio

Muchas de las antiguas viviendas del pueblo se distribuían en torno a un patio interior que solía adornarse con plantas, algún árbol, como almendros o higueras, e incluso un aljibe. El acceso desde la vivienda se realizaba a través de puertas de madera, como la de la imagen que acompañaban en sintonía el estilo rústico de todo el conjunto. Los remaches de hierro así como el tirador, son otros elementos muy característicos de este estilo de puerta.

Estrecha pero ampliamente eficaz

De un estilo más centroeuropeo es el que nos muestra esta otra imagen. Por la profundidad de la entrada se intuyen unos grandes muros de piedra en toda la edificación para aislarse principalmente del frío exterior. Las ventanas suelen ser pequeñas para mejorar también el aislamiento, al igual que la puerta, en la que buscamos funcionalidad sin perder personalidad ni diseño. Un cuerpo central estriado y un entramado superior acristalado componen la estructura de esta discreta y sobria puerta de entrada.

Una puerta como una catedral

Quizás lo menos llamativo de esta imagen sea la puerta. Un majestuoso porche triangular, con una estructura de madera en forma de arco ojival, preside la puerta de entrada con cierto aire catedralicio. Una vez repuestos del impacto inicial, nos encontramos una puerta de roble, acristalada en el marco superior y con una pequeña ventana central sobre una lámina de diferente tonalidad en la madera.

Un pórtico glorioso

Y para terminar, este robusto y sólido portón de madera, remachado con los típicos herrajes de forja y un par de aldabas, en forma de anilla, para dejar constancia acústica de nuestra llegada. Desde el exterior la puerta queda enmarcada bajo un arco de piedra que recorta su forma semicircular a modo de pórtico, mientras en el interior dos grandes hojas rectangulares y homogéneas cubren la portada.  

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