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Después de leer esto NO volverás a limpiar los cristales como antes

Armando Cerra Armando Cerra

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Una de las características más codiciadas de los vidrios de ventanas y puertas es su transparencia. Una cualidad inherente al material pero que requiere de un mantenimiento, tan simple y tan sencillo, como la limpieza periódica. Y además de regular, evidentemente esa limpieza ha de ser efectiva. A eso vamos a dedicar las siguientes líneas, a contaros como hacerlo, sin que eso requiera mucho tiempo ni un gran esfuerzo.

El resultado saltará a la vista inmediatamente. Es más, a veces nos puede parecer que no tenemos los cristales sucios, sin embargo tras una buena limpieza nos damos cuenta del brillo y la luz que nos estábamos perdiendo. Eso ocurre no solo con los vidrios de las ventanas o las puertas de terrazas o balcones. También pasa con los cristales de mamparas de baño, espejos, marcos de fotos y objetos varios. Para cualquiera de ellos son aplicables los consejos que os damos a continuación.

​Una buena limpieza en tres sencillos pasos

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House with the bath of bird

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Lograr que nuestros cristales estén relucientes  es sumamente fácil. Sí. Con solo seguir los tres sencillos pasos que os vamos a indicar a continuación ya lo podéis conseguir. Creednos. O mejor aún, probad.

Todo ha de comenzar con un paso previo e imprescindible. Quitar el polvo que se acumula en las ventanas y puertas. Una pasada por el vidrio, y sobre todo por los marcos, rieles o bisagras, con un cepillo o un pincel de cerdas largas debería bastar. Aunque si lo prefieres también puedes recurrir a los pequeños aspiradores de mano.

Tras eso ya puedes pasar por el cristal una esponja humedecida con una mezcla de agua, vinagre (o si prefieres, detergente neutro) y alcohol. Con eso dejarás todo desinfectado.

Y ya solo queda acabar la faena pasando el trapo por todo, dejándolo así reluciente.

​Para limpiar aplica la lógica de la gravedad

Vamos a quitar el polvo y usar líquidos, es decir, si limpiamos de arriba abajo jamás nos caerán residuos ni gotas en lo ya limpiado. Es así de lógico. 

Igual que deberíamos tener en cuenta si limpiamos con la mano izquierda o la derecha, para hacerlo siempre en un único sentido, y así limpiar, y no extender ni repartir la suciedad. 

Otro consejo con mucha lógica es limpiar los cristales de las ventanas en los días nublados. ¿Por qué? Porque si lo hacemos en días soleados, los rayos de sol nos lo pueden secar excesivamente rápido dejando residuos. Es mejor dejar actuar lo suficiente al líquido limpiador, y que el cristal se acabe secando al pasar nosotros el trapo (preferiblemente de algodón) y después un papel de cocina que termina de eliminar cualquier pelusa y le da el brillo definitivo.

​La magia del vinagre

En otros artículos de homify en los que te aportamos remedios caseros y económicos para limpiar enseres o electrodomésticos de casa, nunca faltan referencias al vinagre. Un producto natural con una capacidad limpiadora increíble. En el caso de los vidrios, sino tienes limpiacristales en casa, no te preocupes. Mezcla un vaso de agua, con otro de alcohol y echa un cucharada de vinagre blanco. Si viertes esa mezcla en un pulverizador y lo agitas bien ya puedes aplicarlo a cualquier vidrio, tanto para las ventanas, los marcos de fotos o para que luzca una balaustrada de vidrio como la que vemos en este diseño de Livia Martins.

Para los casos extremos: agua caliente

Hay un dicho popular que nos habla del poder limpiador del agua hirviendo: “esto no sale ni con agua caliente”. Si alguna vez habéis usado un limpiador industrial habréis comprobado que su único truco es aplicar agua muy caliente a presión y con eso sale cualquier suciedad, tarde o temprano. 

Así si llegas a una casa de segunda mano, o has estado unos meses de viaje, o simplemente se te olvidó o no pudiste hacer la preceptiva limpieza mensual de los vidrios, tu única solución va a ser poner agua a hervir y echarle nuestro querido vinagre. Y si quieres asegurarte una limpieza total, una cucharada de amoniaco líquido. También puedes usar limpiacristales de mercado y mezclarlos con agua caliente, lo que multiplicará sus efectos sobre los cristales que creías que no iban a recuperar su transparencia.

​Resumen de lo que debes hacer

Ya has comprobado que más sencillo no puede ser. Cualquiera puede tener los cristales de casa limpios y seguramente es uno de los logros más sencillos a la hora de realizar una limpieza en profundidad. Solo se trata  de acometer la faena con regularidad, más o menos una vez al mes es suficiente. Y lo dicho, basta con un cepillo para quitar el polvo, un pulverizador para la mezcla del limpiacristales, casero o comprado, y un trapo de algodón (una camiseta vieja también vale). Con eso ya se puede hacer el trabajo.

Solo te pueden dar un poco más de problema las ventanas altas si no tienes la escalera oportuna, pero con un poco de ingenio se soluciona la cuestión. Con un palo como los de la fregona podemos colocar ahí un trapo humedecido con el limpiacristales. Pasarlo en profundidad y después sustituirlo por un trapo seco para quitar la humedad, y para darle brillo puedes hacer uso de uno de los mejores secantes que hay: el papel de periódico. Recubre el trapo con papel del diario de ayer, y verás como relucen tus ventanas.

​Y resumen de lo que debes evitar

Volvemos a repetirlo cualquier recorte de una prenda de algodón que ya no uses vale para reciclarla y para limpiar los vidrios. Lo que no valen son las telas rígidas o ásperas, que sorprendentemente pueden rayar un cristal. Algo que también puede pasar si no limpiamos el polvo y frotamos la superficie con residuos.

Y también hemos dicho que el mejor truco es un limpieza regular. Un mes está bien, aunque para los cristales de los baños y en los que se condensa humedad evita aguantar tanto tiempo. Lo ideal es secarlos cada vez que se humedecen y limpiarlos más a menudo. Por ejemplo, para una mampara de baño, además de secarla tras la ducha, es recomendable limpiarla bien una vez a la semana.

¿Cada cuanto limpias los cristales de las ventanas en tu casa? ¿Y los del baño?
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