Una casa de toda la vida, pero ¡muy moderna!

Silvia Pino Silvia Pino
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Bárbara es la dueña de esta casa ubicada en un pueblecito de Avilés. Su deseo era tener una vivienda en la que poder disfrutar de la naturaleza y el paisaje, vivir con sus animales y además, que sirviera como su lugar de trabajo: un taller donde ella fabrica unos quesos maravillosos. También quería una doble altura en la sala de estar y que la vivienda mirara por encima del muro del vecino. Sin embargo, quería una casa baja.

El programa al que se enfrentaba el arquitecto R. Borja Álvarez no era nada sencillo, pero sí muy emocionante. Y al final consiguió solucionarlo de una manera muy ingeniosa. 

Si queréis saber cómo, ¡no os perdáis esta visita!

Mezcla de formas

La vivienda, ubicada en la parte más alta de la parcela, presenta un volumen único, que sin embargo se ve fragmentado por la diversidad de sus fachadas. En ellas destaca la mezcla de materiales y colores, de voladizos, retranqueos, huecos de magnitudes y formas muy variadas. Y todo esto origina un caos controlado en el que los materiales de la arquitectura tradicional como son la madera y la piedra se hacen patentes.

El porche de acceso

Según los arquitectos, al igual que en muchos casos de vivienda tradicional asturiana, a esta vivienda se accede por la cocina. En esta ocasión sucede lo mismo, pero se ha de pasar previamente por este porche que sirve tanto de vestíbulo exterior como de garaje.

Juego de alturas

Un requisito de la propietaria es que la casa fuera baja. Es decir, que no fuera un volumen gigantesco con múltiples plantas. Pero sin embargo, tenía un programa muy complejo al que había que dar respuesta. Por este motivo los arquitectos pensaron en usar una estrategia que consiste en jugar con las alturas dentro de la vivienda sin llegar a llenar por completo la superficie de cada planta.

Salón-comedor

En la fotografía vemos el salón-comedor a doble altura, según el deseo de Bárbara. Una estancia que se sitúa a una altura de un metro aproximadamente sobre el vestíbulo de entrada. Desde aquí, una escalera de madera nos conduce hasta los distintos niveles, tanto por debajo -la cocina- como por arriba -el dormitorio. y una zona de trabajo y estudio.

Vistas sobre el muro

Desde esta gran ventana que mira hacia el campo, podemos comprobar cómo la intención que buscaba la propietaria -que la vivienda mirara sobre el muro de dos metros del vecino- se ha conseguido. Desde aquí nuestra vista apenas encuentra obstáculos.

Y no nos podemos olvidar de la librería. En el salón se ha ubicado esa tremenda biblioteca, aunque todavía sin libros, que llena toda una fachada y al ser de madera, contribuye a generar una atmósfera cálida y amigable.

En la planta alta

En la planta superior se ubica el dormitorio y la zona de trabajo. Que no la de producción y almacenamiento de quesos, que se ha situado en un nivel intermedio (entre los dormitorios y el salón).

Como hemos podido comprobar, el truco de la vivienda y su organización está en un uso inteligente de las alturas, buscando siempre el máximo aprovechamiento y uniendo estancias como si de un tetris se tratara.

¿Qué os ha parecido la estrategia?
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