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La casita de la playa

Belén F. Escribano Belén F. Escribano
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Es un sueño de muchos: esa casa en medio de la playa, a ser posible sin nadie alrededor, donde poder llevar a nuestra pareja a disfrutar de una noche alejados del mundanal ruido y de los problemas, tirados en la arena hasta que haya que meterse en casa porque hace mucho frío mientras el sonido de las olas del mar nos arrulla. Una casa con una chimenea para el invierno, frente a la cual tenderíamos una mullida alfombra y que solo encenderíamos si nos pudiéramos escapar un fin de semana de diciembre. O también está el apartamento donde ir a pasar un par de semanas en el caluroso verano, ese poder que te da decir “me voy a mi casa de la playa” a tirarte dos semanas de la cama a la arena y de la arena a la cama, pasando por el chiringuito claro. Hay multitud de casas de playa diferentes, por dentro y por fuera. Veamos algunas ideas para la que podría ser la nuestra en un futuro.

¿Por nuestra cuenta o todos juntos?

La ubicación es vital: no es lo mismo esa casa que está mismamente dentro de la arena (incluso del mismo agua), a veces levantada sobre una base de madera para cuando sube la marea y con su pequeña escalera del mismo material. Ese toque casi exótico, sobre todo si se proviene del interior donde es una estructura casi inexistente, le aporta un plus por la obvia cercanía al mar. La otra opción es el apartamento a pie de playa, tan solicitado en los meses estivales, donde el valor se mide casi más por lo metros que hay que recorrer para pisar arena que por lo que es la casa en sí.

Una para todos o todo para uno

Lo primero es decidir qué queremos. Orientándonos por nuestras preferencias será como nos inclinaremos por ese chalet apartado de todo y todos o un adosado en la urbanización con piscina donde estaremos con los amigos o con los amigos de nuestros retoños, según quien mande en la familia. Si optamos por lo primero, las opciones son ilimitadas. Desde elegantes y sobrias casas hechas con bloques geométricos al más puro estilo Frank Lloyd Wright y su Casa de la cascada hasta auténticos ejercicios de imaginación combinando formas y colores de la forma más alocada y antiestética y/o todo lo contrario. Pasando desde luego por las clásicas cuatro paredes cuadradas con un techo de teja roja, aburridas pero comunes.

Armonía material

Son importantísimos los colores y los materiales. Si bien es normal el ladrillo o el pladur o incluso el hormigón, tanto la madera como los recubrimientos vegetales o la piedra podrían llegar a formar parte importante de la casa. Los tejados recubiertos con esas ramas unidas que forma un tupido muro; la pizarra negra, elegante y fresca. Los colores neutros como el blanco o el gris, combinados con grandes ventanales que permitan que toda la luz, tanto del día como de la noche, iluminen las principales estancias de la casa. Fundamentales esas ventanas que además harán que se refresque el ambiente cuando apriete el calor.as con un techo de teja roja, aburridas pero comunes.

Vivir en la terraza

Vital es también la existencia de un elemento diferenciador que puede convertir las vacaciones en una verdadera experiencia enriquecedora más allá de un simple período de asueto en el que nos bañamos en agua salada: la terraza. Una terraza a la que llegue el sol de la mañana, ese que no nos abrasa pero que nos despierta perezosamente mientras nos tomamos un café y unas tostadas tranquilamente sentados o recostados en nuestra mesa de desayunos viendo cómo la gente empieza a moverse en la calle de camino a la playa en sí. 

Momentos de tranquila felicidad

Terrazas de estilo  de BR  ARQUITECTOS
BR  ARQUITECTOS

Casa Cuixa

BR ARQUITECTOS

Una terraza en la que pasar la tarde leyendo con un refresco, en la que hacer una pequeña fiesta con los amigos por la noche o incluso montar una barbacoa si se tercia. Acompañada o no de piscina –a elegir–, la terraza es fundamental para disfrutar al máximo del apartamento playero.

De luz y de color

La ciudad está cargada de edificios altos que raramente dejan ver el cielo o el sol, y la gran cantidad de farolas y luces hacen casi imposible ver las estrellas por la noche. No es de menor importancia entonces la iluminación interior: ventanas. Muchas. Que dejen que la luz inunde nuestro salón, el dormitorio, la cocina… hemos venido a la playa a disfrutar de esto, no lo olviden. Los colores de la casa deberían ser vivos o al menos, claros, que reflejen con suave intensidad los rayos de sol. Y que de noche nos permitan ver incluso sin encender las luces. Ojo: no hablamos de fosforescencias. De noche nos vale con un poco de luz que alumbre tenuemente y nos permita relajar los ojos.

Domir a pie de mar

¿Y qué hacemos con el dormitorio, por ejemplo? Vivir en esta casa no es, al menos en la mayoría de los casos, el objetivo principal. El dormitorio debe estar amueblado con lo justo: una cama amplia, orientada de forma que esté lo más fresca posible. Un armario grande pero no masivo, que no protagonice la habitación. De hecho es preferible que sea empotrado y de puerta corredera. Un par de mesillas, un cuadro bonito y de cierto colorido para el cabecero y un mueble extra para algún electrodoméstico ocasional, véase ordenador o televisión. Mención aparte tienen los espejos, con los que hay que tener cierto cuidado. Si bien es cierto que dan amplitud hay que vigilar que los reflejos no se conviertan en algo molesto. Orientar de forma y manera que el sol no los golpee directamente.

El núcleo del apartamento playero

Muchísimo más cuidado debe estar el salón. De preferencia, amplio y acogedor, con ventanales como se ha dicho antes y con muebles acorde a lo que se necesita: relax. Sofás en tonos cálidos si las paredes son claras, o neutros si no queremos marcar una estridencia. Los chaisse-longue son una excelente opción para colocar junto con dos o tres sillones mullidos alrededor de una mesa de café. A poder ser, lo suyo es no alejar mucho el salón de la cocina. De hecho, tanto mejor sería tener una cocina francesa o americana, que estén bien comunicadas para que no signifique ir a por un refresco y volver con una sopa.

Cocinando a la luz del sol

Cocinas de estilo  de mysoul

Las cocinas, como se viene diciendo, de preferencia americanas o francesas. Las islas y barras amenizan mucho el ambiente en caso de reunión o cena, facilitando la conversación entre cocineros y cocinados; y favorece que la misma luz se filtre de punta a punta de la casa. De todas formas no es la habitación más importante del apartamento de la playa. Lo mejor es amueblar con lo justo y reducir al mínimo imprescindible la cubertería.

Una casa para relajarse

Eso sí, si está unificado con el salón es preferible evitar los alicatados y optar por un tono uniforme entre ambas paredes. Si por el contrario salón y cocina no están unidas, practicar un agujero que sirva para pasar comida y bebida es una opción excelente y cómoda.

La casa de la playa es un elemento diferenciador. Da clase, status, nivel de vida. Pero su objetivo no es ese –o sí, si el amor propio del propietario depende de esto–, sino proporcionarnos unos agradables días de desconexión.

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