¿Cuál es la valla ideal para mi hogar?

Juan Pedro Chuet-Missé Juan Pedro Chuet-Missé
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Las vallas tienen una doble función: brindar seguridad y delimitar el perímetro de una propiedad. Según el grado de inseguridad que haya en el vecindario, se puede elegir entre colocar modelos de vallas bajas, cuya protección es casi simbólica, a otros modelos de metal u hormigón que convierten al hogar en una pequeña fortaleza.

Los materiales a usar deben depender del criterio estético que se quiera aplicar a la finca: por lo general, los modelos de hormigón y metal se usan en diseños modernos, los de piedra, madera y ladrillo en casas rústicas, pero también se pueden probar combinaciones de materiales, con resultados muy positivos. Inclusive, para los amantes de la naturaleza, se puede tomar de inspiración los jardines ingleses y dejar crecer vallas por medio del sembradío de setos de altura mediana, muchas veces tan impenetrables como cualquier muro de material.

De madera: toque rústico

Jardín de estilo  de meingartenversand.de
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Kastanienzäune

meingartenversand.de

La valla de madera es el tipo más tradicional que encontramos. Destila romanticismo, idea de rusticidad, y dado que se utilizan maderas como la del pino, su costo no es excesivamente alto.

Es importante que el tipo de madera elegido resista bien las inclemencias del tiempo, aunque si se trata de un vallado pequeño, tampoco es mala idea darle una capa de barniz para que resalte un poco más en el contraste con el jardín.

Su grado de seguridad es relativo, está bien para cercar jardines internos, o entradas en propiedades sin problemas de seguridad en el barrio.

Luego hay otros tipos de vallados con maderas tratadas, con diseños simétricos, que forman como guardas alrededor de la casa; una opción más sofisticada pero muy elegante.

De piedra: como en los tiempos antiguos

Las vallas de piedra, seguramente, han sido el primer prototipo para definir el concepto de propiedad privada. En la costa mediterránea, así como en las islas Baleareas, todavía se conservan antiguos muros de piedra que dividían las fincas. 

Aunque conviene dejarlo en manos expertas, su colocación no es demasiado compleja: las rocas de diversos tamaños -empezando por las más gruesas por debajo- se van encimando, y se soldifican con capa de argamasa o cemento-.

Se sugiere usar en propiedades rurales, o sin riesgo de robos, porque lo ideal es que sean muros bajos, para no dar una sensación de prisión campestre.

De plástico: una innovación llamativa

Cuando se trata de elegir entre diversos modelos de vallas, no todo el mundo está convencido de las vallas de plástico. A favor tiene su bajo coste, su rápida colocación, y su uniformidad estética.

Por el otro lado, sus detractores dicen que es un estilo de valla sin personalidad, cuya seguridad es relativa, y el plástico -sobre todo si es blanco- puede adquirir, con el paso de tiempo, una pátina poco elegante.

Pero es una alternativa que debe quedar en manos del propietario de la casa. Su estética es similar a las vallas clásicas de madera, y en la ecuación 'gastos-funcionalidad', debe saber qué decisión tomar.

De ladrillos: estética británica

Jardín de estilo  de The Victorian Emporium
The Victorian Emporium

Victorian Terrace gate provides a welcoming entrance to this beautiful double fronted house

The Victorian Emporium

Bueno, es un tópico, pero cuando uno ve un vallado de ladrillos como esta casa, no se puede dejar de pensar en la estética inglesa.

Los muros de ladrillo vista son uno de los modelos más seguros. Si son altos, superando los dos metros y medio, convierten al hogar en una zona totalmente aislada. Pero la contra es la sensación de encierro que pueden tener los ocupantes de la finca.

Otra alternativa es que sirvan para muros bajos, como los que rodean a las propiedades urbanas. Son menos seguros, es cierto, pero brindan un bonito juego estético con las paredes, y permiten que desde el interior del hogar se pueda contemplar las vistas externas.

De hormigón: económica y segura

Jardín de estilo  de Morganland
Morganland

Deluxe Betonzaun

Morganland

Para quienes busquen seguridad, el hormigón es un material ideal: al ser módulos prefabricados de un metro de largo por 50 o 70 centímetros de ancho, se van colocando en forma vertical y se convierten en un auténtico muro que no permite el paso de miradas indiscretas, y aporta una cuota de tranquilidad total para los propietarios.

La valla de hormigón, como este ejemplo de Morganland, le da una estética moderna a la propiedad, y se puede pintar de colores claros o tonalidades oscuras, pero hay que buscar que no desentone con la ambientación del jardín.

De metal: moderna y ligera

Jardín de estilo  de Armet

Un problema de las vallas que buscan ofrecer seguridad es que su presencia puede ser demasiado contundente, quizás un pelín agobiante.

Las vallas de metal brindan una combinación ideal: son seguras, ya que no es posible andar forzándola para entrar a una propiedad. Dan sensación de ligereza, se pueden pintar en variedad de colores para que combinen con el resto del muro o con el parque, y su colocación es más cara que otros materiales, pero su instalación puede ser para toda la vida.

Además, su disposición en pequeñas planchas integradas evitan que el vallado sea un muro totalmente cerrado, que permita una cierta integración del paisaje interior con el exterior.

Setos: la valla que no es valla

Y cerramos con el que creo que es la clase de valla más bonita: la que no existe. La alternativa de plantar setos de altura mediana, o también que superen los dos metros, proviene desde la Edad Media, aunque se los conoce por su popularidad en las zonas rurales inglesas. 

Los setos son conjuntos de arbustos plantados de manera uniforme, siguiendo un trazado. Además de su bajo coste, es una forma sostenible de dividir las propiedades, y dado que se recomienda para zonas rurales, también sirve para retener las aguas. Además, su densidad de crecimiento los convierte en verdaderos muros infranqueables, aunque se puede colar el perro de algún vecino, experto en cayar hoyos.

Su mantenimiento se limita a podarlo periódicamente, y convengamos, es mucho más bonito contemplar un vallado natural que uno artificial.

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