Arquitectura solidaria: una escuela en Palestina

María Bausán María Bausán
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Hoy en día asociamos la arquitectura con proyectos que se mueven en el campo de lo privado, respaldados por grandes grupos inmobiliarios y arquitectos estrellas que firman proyectos impresionantes y sorprendentes. Sin embargo, la arquitectura es una disciplina al servicio de las personas y como tal siempre es posible encontrar proyectos que van más allá de los intereses económicos. El proyecto del que hablamos en este artículo no nos lleva hasta los centros financieros de las grandes urbes del mundo, ni allí donde se mueven los mercados que dominan el planeta. Este proyecto nos lleva hasta un lugar mucho más humilde, sumido en un conflicto largo, doloroso y cruel: Palestina. 

Allí, en Cisjordania, se encuentra el campamento beduino de Wadi Abu Hindi donde en 2010 vio a la luz un emocionante proyecto solidario: una escuela en el desierto, para apoyar la educación de una centena de niños y niñas de diferentes grupos de edad. 

El proyecto

Estamos en Wadi Abu Hindi, un área desértica al sur de Jerusalén, perteneciente a la zona C de Cisjordania, ocupada y controlada militarmente por Israel, y amenazada continuamente con su derribo por los colonos de la cercana Quedar. Aquí se reconstruyó en 2010 una escuela del desierto que hoy en día acoge a unos 130 niños de 6 a 15 años. 

El proyecto es el resultado de la labor conjunta de la ONG Vento di Terra  y ARCò Architettura & Cooperazione que han combinado sus experiencias multidisciplinares en campos que van desde el ámbito de la educación y la formación a la bio-arquitectura y la cooperación internacional. Esta fructífera colaboración ha dado como resultado la creación de tres escuelas en Palestina entre 2009 y 2012. Uno de los puntos en los que se apoya el proyecto es la autoconstrucción por los propios habitantes de la zona, que les ha ayudado a crear conciencia y un conocimiento del proyecto dentro del pueblo, además de un ahorro sustancial en términos económicos . El coste total de la escuela de Wadi Abu Hindi fue de 45.000 euros, mientras que el tiempo de construcción apenas duró 60 días. El proyecto se caracteriza también por el uso de fuentes de energía renovables y el uso de los principios de la arquitectura bioclimática pasiva de última generación.

El contexto

El contexto en el que se llevó a cabo el proyecto fue complicado, puesto que complicada son las condiciones de vida impuestas por Israel a los beduinos palestinos que habitan en este lugar. Aquí se encuentra uno de los vertederos más grandes de la zona, utilizado tanto por la ciudad de Jerusalén como por las comunidades de colonos judíos de los alrededores. Como no hay un sistema de alcantarillado común, cada inodoro está conectado con un pozo de aguas residuales en el aire libre que hace que el aire sea poco saludable y sofocante, especialmente durante el verano. Apenas llega suministro de agua y lo mismo ocurre con la electricidad: para llevar a cabo la construcción de la escuela se utilizó el generador con gasolina que de manera ineficaz daba luz a la comunidad. 

Las limitaciones

Además de los problemas con el suministro de agua y electricidad, otra de las grandes limitaciones que se encontró el proyecto fueron las exigencias impuestas por las autoridades israelíes, que tienen prohibido cualquier cambio o ampliación del perímetro del campamento y del mismo modo, estaba prohibido ampliar o variar el espacio de la antigua escuela destruida. 

Por esta razón, antes de comenzar el trabajo físico, se llevó a cabo una tarea de diplomacia y relaciones con la comunidad para explicar el proyecto, llevada a cabo por la organización Vento di Terra. La parte técnica del proyecto fue tratada por ARCò que además se esforzó por promover el empleo local con la formación en tecnologías de la construcción durante la obra.

La escuela en el desierto

La idea a la hora de reconstruir esta escuela era crear un espacio amable, que se adaptara a los estándares modernos desde el punto de vista climático y energético. El proyecto ha logrado crear un edificio con ventilación natural eficaz y un aislamiento térmico y acústico adecuado. En una segunda fase, se decidió instalar un sistema de recogida de agua de lluvia y un sistema de paneles solares para reemplazar el generador eléctrico, que se había quedado viejo y anticuado.

Como podemos ver en las imágenes, el techo se levantó e inclinó, con el fin de facilitar el paso y la circulación de aire. Las aberturas se pueden cerrar según las necesidades e incluso la estructura del techo se ha rediseñado partiendo de los materiales más óptimos: las placas de metal han sido reemplazadas por paneles en múltiples capas que mejoran el aislamiento del edificio.

Para las paredes exteriores de las propiedades adecuadas para este contexto climático en particular, se ha utilizado la técnica del tapial o tierra pisada. Esta forma de construcción permite tener una pared de múltiples capas (en este caso con 34 cm de espesor) que incluyen cal, cañas de bambú, arcilla, paja, aluminio galvanizado y, finalmente, una cavidad de aire. Para el pavimento, en cambio, se ha empleado solo madera. 

Aquí están las fotos de una clase completa. Gracias al estudio de los materiales y a su uso en aras de la sostenibilidad ambiental y de conservación de energía se ha conseguido crear ambientes interiores donde la diferencia de temperatura entre los cálidos veranos y los gélidos inviernos es de apenas 10 grados de temperatura. 

Además se consiguió integrar a los habitantes del pueblo en el proyecto, que se llevó a cabo con un presupuesto muy bajo. Un ejemplo de arquitectura para zonas difíciles con contextos políticamente inestables, pero también en áreas geográficas con condiciones climáticas adversas. 

El futuro

Esta escuela en el desierto es un pequeño oasis verde en medio de un lugar en el que lo peor no son las condiciones climáticas, sino el férreo control que Israel mantiene sobre los habitantes de este lugar. Amenazados de desahucio de unas tierras que no pueden gestionar ni controlar, el Ministerio de Defensa israelí, que lleva la burocracia de la zona C en la que se encuentra esta escuela, ya ha firmado un plan para expulsar a los beduinos de esta tierra y recolocarlos en otro lugar. El futuro de esta escuela, al igual que el de todo el campamento de Wadi Abu Hindi peligra. 

Sin embargo, nosotros queremos seguir creyendo en el poder de la arquitectura, de la educación y de proyectos solidarios como este: construir escuelas para poder seguir construyendo el futuro. 

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